REFLEXIÓN FINAL

En esta asignatura hemos trabajado la importancia de las emociones desde distintos ángulos. Por un lado, la presencia de una mascota en el aula u objeto de apego y, por otro lado, el papel que juegan los cuentos en el desarrollo del niño/a.

Estas dos herramientas me han parecido fundamentales para el desarrollo de un aula de educación infantil. Creo que los cuentos nos aportan un gran abanico de posibilidades para acercar a los niños/as al mundo del imaginario infantil con ayuda de los personajes, los lugares maravillosos o las aventuras que pueden vivir en ellos. Pero también nos sirven para trabajar conceptos como la escucha, la secuencialidad, la narración, el lenguaje o, incluso, a respetar el turno de palabra. Durante la lectura del cuento los niños/as se dejan llevar por lo que les cuenta el adulto y se rinden a las imágenes que les estamos mostrando creyéndose todo cuanto les dicen. Ese momento tan mágico aporta más información sobre su propio pensamiento y su aprendizaje que cualquier concepto que podamos enseñarles en clase. Por eso, considero que no deberían faltar los cuentos, menos aún cuando estamos trabajando con niños/as tan pequeños. Además de trabajar el mundo imaginario, los cuentos nos ayudan a gestionar las emociones del aula y solventar conflictos que los niños/as puedan sufrir a lo largo de su día a día o, incluso, en la propia escuela. Es importante que sepamos seleccionar los libros que vamos a llevar al aula, que los leamos concienzudamente y busquemos información sobre ellos antes de leérselos. No todos los libros orientados a niños/as son adecuados para trabajar en clase y, desde luego, no todo lo que queremos tratar en el aula se encuentra en los libros. Por eso, como maestras, también tenemos que disponer de ciertas herramientas creativas para narrar nuestros propios cuentos y poder ofrecerles a los alumnos/as distintos métodos con los que acercarse al mundo de la literatura. En esta asignatura, por ejemplo, hemos trabajado con materiales de cocina para contar cuentos, convirtiéndolos en personajes; también hemos decorado piedras con formas de animales y hemos explorado los distintos recursos que hay en internet para narrar cuentos, como el padlet. Por otra parte, es importante tener en cuenta la posibilidad de que sean los propios niños/as quienes narren sus propias historias a los compañeros/as. Pero, para ello, tenemos que asegurarnos de que han asentado algunas bases de lenguaje y que conocen y respetan las normas de la clase, como el turno de palabra o la escucha activa. De lo contrario, la actividad podría ser un fracaso. 

Además de los cuentos, hemos trabajado la importancia de llevar al aula un muñeco de apego que nos ayude a introducir distintos contenidos. Creo que esta herramienta podría ser muy útil con aquellos niños/as que muestren dificultad para expresar sus emociones o para relacionarse con los compañeros/as. Además, el hecho de que la mascota pueda contar una historia, como la que hemos propuesto con el cuento Tierra huele mal, podría servir de excusa para trabajar por proyectos en el aula y combinar distintos talleres en clase. Así que sin duda me ocuparé de ponerlo en práctica en mi propio aula.

Tanto la propuesta de la mascota del aula como los cuentos me han parecido muy interesantes para trabajar conceptos de actualidad. Como proponíamos en nuestro trabajo de la mascota, los bosques escuela y la gestión de emociones son dos contenidos trabajados de forma independiente en clase, pero que para mí guardan una estrecha relación. Considero que si el ser humano no puede ser empático con la naturaleza y no aprende que sus acciones traen consecuencias, muy difícilmente será empático con los demás. Pero, a su vez, creo que esta falta de empatía hacia el medio también le perjudicaría a sí mismo, por lo que, en definitiva, que los niños/as aprendan a respetar el medio ambiente y que establezcan relaciones sanas con la naturaleza no solo beneficia a su desarrollo físico y psicológico, sino también a su salud emocional y sus relaciones personales.

Es evidente que el panorama educativo necesita un cambio que esté orientado al acercamiento con la naturaleza y a la humanización de las escuelas. Tenemos que ayudar a los niños/as a relacionarse de una forma sana y espontánea con el entorno, perdiendo el miedo a los seres vivos y el paisaje. Siempre habrá ocasión para que aprendan matemáticas o reglas de ortografía pero, en mi opinión, la infancia es demasiado corta como para privarle a los niños/as del juego al aire libre o para coartarles su instinto explorador. Está bien que se manchen y se equivoquen. Está bien que se enfaden y no sepan cómo expresarlo. También está bien que no quieran hacer determinadas cosas que los adultos les piden y que se rebelen contra eso. Todo lo que suponga aprender a convivir con los demás y con el entorno es sano. Creo que la infancia no debería tratarse como un periodo de entrenamiento para la vida adulta, en la que el niño/a tiene que adquirir determinados conocimientos "para cuando sea mayor", sino que debe tratarse con respeto a su integridad y singularidad. Los niños/as deben poder disfrutar de ser niños/as con las garantías de que todo lo que aprendan, sea positivo o negativo, les servirá para su vida adulta, pero con la seguridad de que, hasta entonces, los adultos van a saber respetar y comprender su mundo. Así que la única opción que nos queda como futuras maestras es saber que formamos parte de su mundo y que somos un modelo de conducta. Por lo que me parece fundamental que seamos nosotras las primeras que sepamos expresar y gestionar nuestras emociones y que respetemos y cuidemos de la naturaleza, como ella hace con nosotros. Todo lo demás, todos los talleres y experiencias que podamos trasladar al aula las podemos aprender poco a poco, año a año, conforme nos vayamos involucrando más en la profesión y vayamos adquiriendo más experiencia. Sin embargo, el ser buena persona y querer dar lo mejor de ti para los demás es algo que no puede dejarse para más tarde. Así que para mí, lo más importante ahora como futura maestra no es recopilar ideas para hacer talleres en clase o propuestas de intervención, que también; sino crear una mejor versión de mí misma, ser una buena persona y aportar algo beneficioso para los demás cada día.