6 de octubre de 2017

¿Por qué ser maestra?

Creo que siempre quise ser profesora, aunque no fui consciente de ello hasta que terminé el Instituto y tuve que escoger la carrera que haría después de Selectividad. Durante los últimos meses de Bachillerato deambulé entre la opción de estudiar Derecho, como mi madre; Psicología, porque se me daba muy bien; o Lengua y literatura, porque siempre había querido ser escritora —al menos por aquel entonces tenía algo en claro—. Pero nada me llamaba realmente la atención, y si me comprometía a sacar una carrera siempre era con la idea de enfocarlo a la infancia. Al final hablé con mi madre, que siempre supo conocerme mejor que yo, y le pregunté. «Magisterio o Pedagogía. No te equivoques, Virginia; lo tuyo son los niños», me dijo. Magisterio, ¿por qué no? La mayor parte de mis familiares eran o habían estudiado para ser maestros, hasta mi abuelo fue director en el centro donde estudié de niña.
Por fin terminé mi último año de Bachillerato y me preparé la Selectividad para cursar Educación Primaria en Madrid. El comienzo del primer curso me encantó; por primera vez veía materializados en tediosos apuntes e infinitas diapositivas todas la experiencias que había ido observando en mis propios maestros.
Al tiempo que estudiaba encontré un trabajo durante el periodo de vacaciones como monitora de ocio y tiempo libre, donde, casualmente, coincidí con algunos niños con altas capacidades. Enseguida decidí que quería especializarme para dar clase a niños así. No descarto a ningún otro alumno ni los excluyo, por supuesto, pero el mundo de las AACC, sus pros y sus contras, me cautivaron desde el principio. Así es que, al comenzar el segundo semestre de mi primer y único curso en esa universidad, me acerqué a mi profesora y le pedí información para especializarme en Altas Capacidades. Ella se sonrió, me miró de arriba abajo y me dijo que eso, y cito literalmente, «no existía».
Después de esa dolorosa revelación entré en un bucle que me estuvo atormentando durante todo el verano. Si no existe, ¿qué voy a hacer? Yo no quería dar clase como veía que otros profesores hacían: niños sentados en sillas analizando frases y formulas matemáticas infinitas a las que todavía no encuentro sentido.
Las asignaturas del segundo semestre me parecieron aún más aburridas: exposición de diapositivas, apuntes basados en los titulares sobre datos económicos, demográficos o deportivos; raro era el profesor que demostraba tener algo de entusiasmo en su asignatura. El panorama de la educación que nos transmitían, que aún siguen transmitiendo, era muy diferente al que yo quería aspirar. Así es que me detuve un día, un día en que me levanté con espíritu revolucionario, y dejé la carrera. Si no podía ser la profesora que yo quería ser, mejor sería no serlo.
Comencé a estudiar Lengua y literatura a distancia, por aquello de que siempre había querido ser escritora y eso era lo que realmente me hacía feliz. Me centré en escribir cada día, leer todo lo que pudiera y observar desde la barrera el mundo de la educación.
Colonias urbanas de Móstoles, (julio 2017) durante la visita del Alcalde de Móstoles.
Fuente, Ayuntamiento de Móstoles
Seguí trabajando como monitora en colegios y campamentos durante un par de años, porque necesitaba hacer algo que se me diera bien, hasta que me levanté un día con la sensación de que estaba perdiendo el tiempo. No dejaba de pensar en cómo jugaba con mi hermana a "las profes" cuando éramos pequeñas y cuánto disfrutaba ayudándole con esos deberes que tanto le costaban, la satisfacción personal que me dio enseñarle a mis niños de tres años del comedor a abrocharse el baby por sí mismos, o en la súper maqueta del ADN que hice con los chavales del campamento. Se me encogía el estómago cada vez que me llamaban "profe". ¿Por qué debía renunciar a todo eso?
Pensé que mis padres se iban a enfadar o que lo achacarían a las notas tan bajas que estaba sacando en la UNED, pero se emocionaron bastante cuando les dije que quería retomar Magisterio y continuar con Literatura después. Reaccionaron casi como si lo hubiesen estado esperando desde hacía mucho tiempo. Así es que me decidí a hablar con mis tías, ambas maestras, para que me orientaran a la hora de escoger Educación Infantil o Primaria, cuando descubrí que habían abierto el Doble Grado en Escuni, y me lancé.