11 de febrero de 2015

Bajo la misma estrella
John Green

A Hazel y Gus les gustaría tener vidas más corrientes. Algunos dirían que no han nacido con estrella, que su mundo es injusto.

Hazel y Gus son solo adolescentes, pero si algo les ha enseñado el cáncer que ambos padecen es que no hay tiempo para lamentaciones, porque, nos guste o no, solo existe el hoy y el ahora. Y por ello, con la intención de hacer realidad el mayor deseo de Hazel —conocer a su escritor favorito—, cruzarán juntos el Atlántico para vivir una aventura contrarreloj, tan catártica como desgarradora. Destino: Ámsterdam, el lugar donde reside el enigmático y malhumorado escritor, la única persona que tal vez pueda ayudarles a ordenar las piezas del enorme puzzle del que forman parte...




Hazel tiene diecisiete años y padece cáncer desde los trece. La enfermedad le ha apartado de su vida y de todo lo que conocía hasta entonces: sus amigos, el instituto y cualquier preocupación propia de una adolescente en EEUU. Lo único que ocupa su mente es la idea de que en cualquier momento todo desaparecerá, que sus pulmones se llenarán de un líquido asfixiante y que esa bombona de aire a la que está permanentemente unida dejará de funcionar. Su día a día se reduce a consumir las pastillas que mantienen los tumores a raya, leer una y otra vez su libro preferido y ver la tele en casa sin pensar en nada más. Su madre, en un desesperado intento por hacer que salga y haga amigos, le obliga a asistir a un grupo de apoyo para enfermos de cáncer. Esa imposición, motivada por la preocupación de ver cómo Hazel se convierte poco a poco en un espectro, hará que la protagonista conozca, cómo no, a un chico encantador por quien inmediatamente se sentirá atraída.

Hasta aquí la novela no parecía romper con ninguno de los esquemas que estructuran los libros de adolescentes. Esos best sellers que todos los años inflan las estadísticas de venta, invaden los perfiles del Facebook y cuyas citas aparecen una y otra vez en los tweets o en las pintadas del metro. La portada de Bajo la misma estrella reza en letras desordenadas con tonos en azul cyan y añil la prometedora frase de: "Llorarás, reirás y te quedarás con ganas de más" o "absolutamente genial". Todo parecía indicar que la famosa historia de John Green se reducía a un romance que juega con el sentimentalismo y un final irremediable mientras ambos protagonistas deambulan por medio mundo para lograr su objetivo antes de que el tiempo se agote. Tiene todos los ingredientes para convertirse en un drama que televisarán tarde tras tarde todos los fines de semana y por el que miles de adolescentes llorarán.

Pero si te gusta la aventura, si te atreves a mirar más allá y rascar un poco el papel, te darás cuenta de que el entrañable —e inteligente— humor negro con el que el autor presenta a Hazel Grace no es más que una máscara para ocultar su miedo. Al contrario que Augustus Waters, Hazel no tiene miedo al olvido; sabe que es algo irremediable y que todo su mundo, tarde o temprano, se verá consumido. Ella lo que teme es hacer daño; convertirse en una granada que explote con su muerte y alcance a sus seres queridos, que éstos no sean capaces de superar su pérdida. Cree que si ha de morir tendrá que ser sola, sin ayuda y sin compañía; aprovechar el tiempo que le quede leyendo y disfrutando de sí misma sin entrar en la vida de nadie más, porque es consciente de que en cualquier momento tendrá que abandonarles.
Ese miedo a desaparecer y la incertidumbre de no saber qué será de la gente que dejas no es un efecto colateral de tener cáncer, es un efecto colateral de estar muriéndose. Y todos, todos y cada uno de nosotros, nos estamos muriendo a cada segundo que transcurre.

Desde el principio Augustus Waters se convierte en el héroe de su historia. Disfruta siéndolo. Tanto, que gasta su deseo en hacer feliz a Hazel. Juntos atraviesan el océano para conocer al autor de An imperial affliction; un malhumorado borracho que les demuestra que uno nunca, jamás, debe conocer a sus héroes.
El viaje que comparten nos hará entender que ante una situación trágica e irrevocable la única alternativa que nos queda es disfrutar de la vida y no dejarse cuentas pendientes, porque una vez que nos hayamos ido no importará el tiempo que estuvimos sino el recuerdo que dejamos; las cicatrices que dibuja una granada cuando estalla.
Gus demuestra su admiración por el universo buscando metáforas en cualquier parte. Deja prendido un cigarro en sus labios y nunca llega a encenderlo. Es la manera que tiene de decirle al mundo que aún puede tener el control sobre su destino, que es capaz de elegir cuándo y cómo quiere empezar a morir. Su miedo al olvido se hace evidente en casi todo el libro; aunque más que miedo a desaparecer lo que teme es dejar de ser él mismo, que la enfermedad le consuma antes de empezar a vivir.

Partiendo de la psicología que tiene el personaje de Gus, me llama la atención que el autor haya escogido una trama que gira en torno al encuentro con un escritor.
La escritura, al fin y al cabo, es una de las muestras que dejamos de nosotros mismos; y que ese libro que aparece en un segundo plano resulte no tener un final, acabar de golpe y dando a entender que la narradora/protagonista ha fallecido, nos demuestra que el momento de la muerte es fugaz e inesperado, que por mucho que lo pensemos no lo podemos prever y que la mera idea de intentar averiguar qué ocurrió después va en contra de la naturaleza de la propia muerte. Por ello Hazel y Gus jamás llegan a conocer qué pasó con el resto de personajes.
Por otra parte, y para reforzar mi teoría de que la literatura es lo único que traspasa el umbral del olvido, en la trama también aparece la casa de Ana Frank. Una niña que, si no fuera por el diario que encontraron, jamás habríamos sabido que existió. Creo que el autor no hace alusión a esos dos libros por casualidad, y mucho menos después de haber narrado la novela en primera persona, como un diario que Hazel cuenta sobre su historia con Gus. La literatura es lo único que conserva un recuerdo intacto y nos permite recurrir a él. De una manera u otra, el autor quiso que la propia Hazel le hiciera un homenaje a Gus tallando su memoria en las páginas de un libro para que ese temor que el muchacho tenía se desvanezca. Para que la moraleja de Bajo la misma estrella sea tan inmortal como Ana Frank o la protagonista de Un dolor imperial.

Como conclusión personal del libro, teniendo en cuenta la personalidad de los protagonistas —que me parecen estar representados de una manera muy realista—, y la habilidad que tiene John Green de narrar una historia con unos elementos tan manidos de una manera tan espontánea y dinámica, y de presentar una situación incómoda de imaginar con esa naturalidad y sin disimular en ningún momento la realidad de una enfermedad así; tenemos una novela que no solo te hará llorar y sentir un nudo en el estómago si no que te enseñará que al final, si no aprovechas el tiempo que tienes amando y dejándote querer será como si nunca hubieses vivido. Que dejar pasar el tiempo protegiéndote a ti mismo no te hará ajeno a la realidad. Lo único que cuenta al final son las cicatrices que dejamos cuando nos hemos ido.


Título original: The fault in our stars
Autor: John Green
Editorial: Penguin Random House/Nube de tinta
Páginas: 300
Formato: Físico
ISBN: 978-84-15594-001-7
Puntuación: ★★★★★
Enlace de compra 14'95€

1 comentario:

  1. Hola! Te importaría pasarte por mi blog y darme tu opinión? Acabo de empezar jajajaja

    Pd: me entcanta el tuyo

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