30 de diciembre de 2014

2mil14

Siempre recordaré el 2014 como el año de las primeras veces en el mundo literario. Ese mundo caótico y desestabilizado, bello y a la vez complicado del que algún día me gustaría formar parte.
Hace un año, cuando me propuse empezar a participar en concursos pequeños y darme a conocer en la redes, sin más aspiración a que me leyeran mis amigos de siempre, no me imaginaba que pudiera evolucionar tanto en tan poco tiempo. Estará mal que lo diga yo, pero cada vez que reviso los textos que terminé en enero o en febrero, me recorre un escalofrío y una sensación tan extraña de victoria personal... Me parece mentira que esos pequeños cuentos que me costó tanto trabajo terminar y que tantos quebraderos de cabeza me dieron, ahora me parezcan tan simples. Reconozco que a veces me siento tentada a reescribirlos y pulir esos errores que parecen mitigar su calidad literaria. Pero, a quién quiero engañar, jamás podría escribirlos mejor de lo que ya están. Me contento con hacer cada día algo nuevo, algo mejor que lo anterior.
Más que los concursos que he podido o no ganar, el número de antologías y revistas en las que he participado o los libros que he leído a lo largo del año, lo que más me contenta es comprobar el crecimiento y la evolución que percibo en mis textos, y que nada me haya hecho dejar de escribir ni que me haya desilusionado el fracaso. Además, algunos relatos ya me han dado muchas alegrías.
Decía al comienzo de esta entrada que el 2014 ha sido el año de las primeras veces porque vi por primera vez un relato mío publicado en papel: "Tartas", en la antología Livia. El último texto que escribí en 2013. Después llegó la convocatoria de Calabacines en el ático, donde no me esperaba aparecer; pero ahí estaba "Navidades macabras" seguido de mi nombre -entre otras 32 personas que han compartido conmigo los talleres de OcioZero, las convocatorias de Calabazas en el trastero y, ahora, la III Convocatoria del Polidori-.
Por qué me iba a quejar de todos esos fallos literarios donde no aparecía mi seudónimo. Por qué me iba a frustrar por aquellos relatos que no quedaban como yo esperaba si en apenas doce meses he conseguido por quintuplicado lo que no pensaba lograr jamás: ganar un concurso literario. Cinco resultados que me han llenado de mariposas el estómago -aunque ninguno me hizo más ilusión que el fallo de Disliesind donde vi el título de "Hó-Leo", mi ojito derecho-. Y he firmado mi primer contrato editorial para publicar una de las dos antologías que he escrito: Suculento. Es cierto que la vida da muchas vueltas y que es posible que, por unas cosas u otras, esta colección no llegue a ver la luz; pero esa sensación de que un editor lea tu obra, se interese por ella y quiera publicarla no me la va a quitar nadie. Si sale bien o no, que espero que sí, se verá con el tiempo.
Además de escribir -que parece que no he salido de mi casa en todo el año y que soy un ermitaño malhumorado-, este año he conocido algunas personas que me han enseñado más de lo que ellos creen, y he seguido manteniendo relación con otras que conocí durante el 2013. No voy a mencionaros porque ya sabéis quiénes sois y si me habéis dado o no algún que otro consejo.
En cuanto a propósitos para el 2015, es fácil: tengo una lista de libros y autores a los que no voy a dejar escapar porque me han regalado buenas lecturas y porque sé que tienen talento. Se les debería conocer más de lo que ya se les conoce: Ignacio Cid, Darío Vilas, Roberto Carrasco, José Luis Cantos o Josué Ramos, entre otros. Claro que, también le he echado el ojo a dos o tres que nunca había leído... a ver qué tal. Quiero, no, prometo seguir asistiendo a presentaciones de libros, aunque este año solo he podido ir a dos: "Nudos de cereza" y "Bajo tu luna". Parecerá una tontería, pero después se aprecia mejor la lectura -justo ha coincidido con que son los dos libros a los que más partido les he sacado-. Pienso volver a la Feria del libro en Madrid, a ver con quién me encuentro este año y visitar otras que se organicen.
En cuanto a la escritura no prometo nada porque no me hace falta. No hay nada que pactar. Para mí escribir no es un hobby, y jamás lo consideraré un trabajo hasta que no se nos pague por respirar. Necesito hacerlo y que me lean o no es secundario. Lo único que puedo plasmar en esta entrada es que, quizá, me atreva con algo más grande. No lo sé.


2 comentarios:

  1. Venga, como quiero entrar dentro del grupo de los que te han dado consejos, ahí va uno.

    Cuando yo tenía más o menos tu edad (uf, cuanto tiempo ha pasado ya), después de leer algo mío me dijo" Tienes madera, pero necesitas pulirte. No lo dejes". Le hice caso. Aunque no del todo. Durante largos periodos, la vida no me ha dejado tiempo para escribir. Sin embargo, aquí sigo intentando pulirme cada día.
    Ahora, sólo se me ocurre decirte lo mismo: "No lo dejes".

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    1. Hola, Xuan.
      No, no lo dejaré. Al no ser que no me dé la vida para más y tenga que apartar la escritura durante un tiempo... jaja
      Gracias por el consejo ^^

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